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domingo, 26 de septiembre de 2010

...Disimulos y Rutinas...

No hay nada mejor que el amor en la escalera,
Los besos tras bambalinas,
Los peces en la pecera.

No hay nada peor que el peor con punto y coma,
Los perdones remendados,
Sus labios sin mi boca.

No hay nada entre el debe y la venida
En haberes y placeres,
El sabor de despedida.

No hay nada entre los nuestros y contiguos
Los sueños de los sueños,
Las coronas que sueñan con reyes, los reyes que se acuestan sin ellas,
El ajedrez que brinda el jaque mate de sus medias.

Hay pecados que no relaté por besar en la boca
Hay besos que perdí por no querer querer de nuevo
Y hay otros que recibí sin querer antes del mismo tiempo.

No hay nada peor que la rutina de invitada
El amor sin apetito
El sueño en camas separadas.

Todavía le debo el baile a un tango de tacones altos y falda corta.
Todavía despierto tan solo con mi ello, mi yo y mi súper yo,
Pero sólo de cualquier manera.

Y por más que sume de menos
Y nunca tenga un puto cero en el intento
Aún no he cobrado el último pago de aquellos besos de barrio,
Aún se puede decir de mí, lo que nunca se ha contado.

Lo bien que puedo en disimulo
Me ha salvado el mismísimo pellejo.

lunes, 20 de septiembre de 2010

...Instrucciones para saltar por la Ventana...

El agradecimiento a quienes intervinieron en ésta memorable discusión, en éstas instrucciones para saltar por la ventana:

Andrea (As Ph)
Luis Felipe Pesántez
Carlos Coronel Laberinto
Juan Medina (Espantapájaro LiteratoS)

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Considérese como sugerencia, al saltar por la ventana, siendo apresurada o lenta la huida, aventurero y aventurera, ésta conversación que llegó de la mera implicancia de una acción.


Juan Medina: La costumbre de saltar por la ventana

As Ph: Grave, Lacanianamente hablando... Bueno, creo que en cualquier término siempre resultará grave...

Juan Medina: ‎"...Labios que sacan de quicio, mentiras que ganan juicios..." Según Sabina también resulta grave a veces, aunque el gusto no debería perderse, no?

As Ph: El gusto nunca debe perderse, sobretodo cuando de mentiras, juicios y muertes se trata; o más bien de "labios que sacan de quicio", aquellos que encierran esas mentiras, esos juicios y esas muertes que una disfruta tanto...

Luis Felipe Pesántez: Aclárame algo Juan, ¿el problema al saltar por la ventana es lo incómodo y casi eterno del desplazamiento, o la ineludible certeza del aterrizaje?

Juan Medina: Realmente la gravedad o el problema al saltar por la ventana no es la ineludible certeza del aterrizaje, es más, me atrevería a decir que casi siempre no es un aterrizaje perfecto, el problema es lo incómodo del desplazamiento, sobre todo cuando estás en movimiento, y eso es inconcebible sin tiempo, así como la inmovilización previa al despegue...

Luis Felipe Pesántez: La inmovilización pre-despegue se la achaco a 2 causas: la relatividad (dependencia del marco de referencia: ¿la ventana viene hacia mí o yo hacia la ventana?), y por supuesto la terrible idea que puede creársela a uno por la cabeza: ¿está la ventana abierta o cerrada?... De ahí es claro que el aterrizaje no debe ser problema ya que es axiomático, de seguro vas a aterrizar, con mayor o menor gracia... Lo incómodo del desplazamiento dependerá en si la ventana estuvo abierta o cerrada.

Juan Medina: Si la ventana viene hacia mi, estoy huyendo, si yo voy a la ventana, es una leve despedida, el marco pre-despegue también depende de la situación por la cual se acude a la ventana. Si la ventana está cerrada el tiempo que se pierde entre ir de un lado inmóvil a otro (la ventana valga la redundancia) es perdido, si la ventana está abierta no hay duda, la gravedad hará el resto (aunque el aterrizaje fuese forzoso). La cuestión puede darse en si alguna vez se debería probar por la salida de no-emergencia: la puerta, no?

Carlos Coronel Laberinto: Habría que tener en cuenta el tipo de esmalte, pintura, lacado, etc. de la ventana, no es lo mismo saltar desde una ventana de aluminio que si esta es de madera (la de madera siempre es más cálida, por poner un ejemplo). Por no decir el color, es necesario tenerlo en cuenta, no es lo mismo saltar desde o por una ventana de color azul marino que amarillo canario (esta última canta un poco). Otro aspecto importante, ¿que se ha quedado dentro de la ventana una vez he saltado?

As Ph: Y bueno señores, permítanme decir que cuando esto de saltar por la ventana es una costumbre, es necesario considerar, además, el vínculo que se viene trazando entre aquel que salta y aquella ventana, no por algo el acto se vuelve reiterativo, porque entonces el acto de escapar no sería único y exclusivo de una ventana, sino también de la ya mencionada puerta, o por qué no, de un espejo...

Carlos Coronel Laberinto: Lo de la ventana, es un tema complejo, el tema de la puerta no da tanto juego a mi entender, ya que quedaría eliminado el "factor salto" con el riesgo y aventura que ello implica, pero donde ya si que se complica el tema es "EL ESPEJO" nos tendríamos que remitir al que nombraste, a Jacques Lacan el podría aclararnos el tema del espejo ya que es a partir de que uno se reconoce ante el espejo que puede empezar a desplazarse (estoy simplificando)...

Luis Felipe Pesántez: Bueno nos estamos adentrando peligrosamente en apreciaciones personales (tomando en cuenta el número de participantes), por ese lado debo decir que me abstendré de comentar sobre los espejos, ya que como Borges dijo, estos son abominables ya que multiplican el número de gente... Las ventanas siempre dispuestas a recibir un aventurero saltador tal vez únicamente los podrán reducir.

Juan Medina: Qué apreciaciones, innumerables connotaciones de una abstracción que lleva de la mano (para quién salta) el riesgo de entender. El hecho en sí es poner en cuestión que quien salta, salta y lo hace sin pensarlo, aunque me sujetaría al hecho de saber de qué tipo está hecha la ventana y la altura que se tenga en cuenta, no diré tampoco cómo se debe saltar: si apoyar un pie sobre ella o tan sólo brincar, solo me detendré a preguntar: el individuo, (con expectativas racionales, para "economizar" el salto) puede pensar en todo esto al saltar, en lo abstracto del salto, o sólo piensa en caer, digamos, desde un tercer piso, vivo.?

As Ph: Más allá de una preferencia teórica a Lacan, insisto en los espejos; y ya estando en términos psicoanalíticos puedo ser sincera y confesar que en tanto los espejos y psicosis, son de mis predilectas frente a las ventanas y las neurosis... Ahora, refiriéndome a términos menos insitantes, los espejos siempre esconderán ese "mundo de maravillas" que no las ventanas, sobre todo si están cerradas, pues la vista tras un cristal aveces puede resultar confuso... me quedo con la magia en todo caso, de las psicosis y los mundos escondidos (también para entrar en ellos puede ser preciso un salto) ;)

Juan Medina: Yo también me quedo con la magia y el riesgo previo al salto :)

Luis Felipe Pesántez: Propongo entonces conjurar los parámetros necesarios para que el salto a través de la ventana sea satisfactorio para el intrépido (o psicótico) buscador de aventuras... ¿Acaso una gótica ventana de arco de medio punto? ¿una tradicional ventana batiente de madera? ¿un salto estóico y sin mayor despliegue de habilidades? ¿acaso una maravillosa pirueta: tirabuzón seguido de 2 giros hacia adelante? y por supuesto ¿1 metro o cuarenta pisos?

Juan Medina: Una ventana tradicional batiente de madera, un salto estóico, y un metro de altura, al menos para mí eso sería lo necesario en el caso de que la aventura haya alcanzado su punto de inflexión, caso contrario sugiero el tirabuzón seguido de 2 giros hacia adelante, y por supuesto terminar haciendo la venia, aplaudido por el ambiente, digamos, la lluvia torrencial.

As Ph: Pero el sujeto en cuestión, el acróbata y aventurero necesariamente tendrá que ser un intrépido neurótico por más adornos que le queramos dar a la ventana, pero si, concuerdo en las características de la ventana, a menos que queramos darle un tinte más trágico a la escena, en ese caso bordearíamos la histeria, que para este punto resultaría inoportuna...

Luis Felipe Pesántez: Me adjunto a la petición de la lluvia, pero una tan espesa que sólo consiga amortiguar el vuelo del intrépido neurótico... Así el público, tan ajeno a la belleza de su decisión, no lo confunda con suicida.

Juan Medina: Entonces, a saltar por la ventana, valientes avetureros y aventureras.


Primer apartado de "Renga"





viernes, 17 de septiembre de 2010

...Entre otras Cosas...

Una cuerda de locos de atar, una sombra del nunca jamás, un verbo sin ganas de hartar, esos besos que no están demás.

Unos cuántos por cientos, unos menos y más, los quizases de nunca olvidar.

Un andar Sabinero, un zaguán de cordero, la vista dilatada y unos labios ebrios de aquellos besos on the rocks.

Una soledad compartida, exclusivamente entre dos, la marea, el mareo.

Una cuenta pendiente de quien se fue sin pagar, esos labios perdidos por no saber amar, deshilvanando las costuras de lo que nunca está demás, un "yo no quise" y de vuelta a tu andar.

Un tácito encuentro, prematuro al momento, pero encuentro al final.

Entre otras cosas que pasan, pasamos los tantos desqueriéndonos, y volviéndonos a olvidar.

domingo, 22 de agosto de 2010

...El Escritor y sus renglones Torcidos...

La Derrota de Victoria (Parte última- La noche de los Miserables)


Venganza, venganza reclaman aquellos primeros, los segundos, los penúltimos, los últimos, yo.

No pretendo perder el paso, la magia y la alegría se derrumbó, nos han tildado de injusta desgracia, desterraron nuestras ansias de conquista, esquivaron las palabras, dejándonos en el límite de una venganza, de hambre, mas no de gloria.

Somos los Miserables, el sol ha descansado, la Luna tomó su lugar preciso, la lluvia acompaña el galope de campaña.

Llegamos al límite de las Edades, la luz de la alcoba de Victoria titila a gusto de provocación. Los primeros, los segundos, los penúltimos, los últimos y yo, hemos tomado posesión y posición delntro del castillo, derribamos puertas, el olor de mujer dirige nuestra causa hacia la torre más alta, el aroma nos inspira venganza, ya no somos seres humanos.

Victoria, sentada esperando con su cuerpo desnudo a flor de piel, su perfecta mirada, manos sobre las cartas y varios recuerdos de sus hazañas, de nuestras derrotas. De pie se ha puesto, desnuda frente a todos nosotros, unos cuantos más y unos cuantos menos.

Caníbales!, que hasta desdentados hemos quedado, que su sangre corre en nuestros labios, en nuestra precisa aberración a la perfección. Y tan abusos hemos sido que su mirada intacta se ha quedado, ahora nunca sabremos, si de victoria o de derrota nos hemos alimentado.

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No tengo culpa desde el encierro en esta pálida habitación llena de blancos colores que no dicen nada ni acerca de mí, la duda que acecha mi memoria desde aquella vez es saber si ella nos esperaba, si al perecer en cuerpo su mirada intacta nos desgarró todo, nos quitó el gusto de una victoria, justo cuando habíamos ganado.


...El Escritor y sus renglones Torcidos...

La Derrota de Victoria
(Parte Entre-Primera)

Resulta que mi nombre no es adecuado para comenzar, mas si el lugar y la situación. Sucede a veces que recuerdas lo que haz vivido, hace ya muchos y muchos años.

Viví cerca de lo que hoy es Luxemburgo, fui el vigésimo sexto Arlequín de un Rey mal trecho por el tiempo, por la edad, por vaya uno a saber qué, pero siempre mal trecho.

Como era costumbre en el pueblo de Damís, los hijos de quienes accedían a la corona casi siempre eran aguerridos príncipes que vigilaban y degustaban destellar sus espadas ante dragones y brujos, con la intención de salvar damiselas, claro, eso sí, eran historias tan increíblemente creíbles, que ninguno se atrevía a preguntar si éstos existían. ¡Yo nunca vi uno!.

Cerca del límite de las Edades, existía el mito de Victoria, una princesa mal amada y viviente en su desgracia, que dejaba en ridículo a cada príncipe que quisiese rescatarla, su ego de mujer tan grande era que se atrevió a descarnar al brujo que la encerró en tal morada, sólo por el hecho de que a ella le parecía incorrecto y de mal gusto.

El mito, cada vez más grande, tomaba realidad, la decepción de "los miserables" había llegado a mi puerta. Visité el límite de las Edades, conocí a Victoria, fui rechazado, fui un miserable más.

Mañana cuando el sol se haya cansado y la Luna se haya vestido de amante perfecta, la noche de los miserables habrá comenzado.

Por tanto, es todo lo que recuerdo de este recuerdo vivido, encarnado ante mi propia presencia en esta habitación, en esta memoria, en éstos rasgos.


domingo, 15 de agosto de 2010

...El Escritor y sus renglones Torcidos...

LA DESPEDIDA


Resulta que a mediados de los años, y en medio de mi exilio, quise sintetizar todo en algo especial, y conocí a la mujer del abandono, una de aquellas que resulta simple amar.

Como no estábamos de acuerdo en todo, o concordábamos con casi nada, decidimos amarnos en blanco y negro, sí, en blanco y negro, como un juego de ajedrez sin resultado perfecto, es decir, sin Jaque...mate.

Fuimos una suerte de apetito en medio de nuestra voraz hambruna, fue ella el cuerpo que yo tallé a mano cada media noche, y a la media tarde lo revolvía con la simplicidad del blanco y la astucia de lo negro.

Yo fui de ella la marioneta de su eco, y ella para mí fue la primera piedra de mi pecado animal, algo que en verano nunca resultó propicio.

Dónde están los restos de tus huesos, esa perfecta incoherencia entre la mitad mas uno de la costura de tu piel y los por menores abusos de mi vocablo? Los dejé colgados a las afueras para que sequen su ansiedad, y se largaron dejándome la puerta abierta.

Y así, de pronto, los colores tuvieron color, la despedida no fue un adiós, quizás fuimos un par de cuadrados con resultado negativo, pero al fin y al cabo un amor en blanco y negro.

Y quise escribirle una opereta, buscarla, sin embargo ya era muy tarde, y afuera llovía. Yo también me voy antes que se me haga más tarde, para así quedarnos tablas en la cama, en el ajedrez y en la ventana.


sábado, 14 de agosto de 2010

...El Escritor y sus renglones Torcidos...

TINTAS

No es que me haya cansado, pero me costaba creer en absolutamente algo, y me había saturado de tantas "había una vez" y "vivieron muy felices". Quise de modo cordial conmigo mismo separarme, y me perdí siendo vecino.

Es creíble que pueda creer en lo increíble, es más, y no mucho menos, dejé mi cuerpo para verme cómo me mira el resto. Sin ir más lejos de la esquina de la siguiente cuadra no encontré mejor excusa que presentarme a mi mismo. Después de tan creíble acierto nunca nos volvimos a ver.

Varios años después derramé tintas en vano conquistando de a poco a mis perversas traiciones, regresé a mi pueblo para mirarme de nuevo y me sorprendió debajo de mi puerta una invitación al funeral del nombre de quien yo había sido años atrás.

Pero el hecho de que él se muriera (yo mismo) antes que yo (él mismo) no significa que yo esté muerto, si he sido el primero en visitarme en desentierro, y en dejar los espejos por supuesto, y le he escrito a su mujer con esta tinta, y ella me ha traicionado conmigo sin darse cuenta. La voz se me seca y de a poco a ella se le va mi pena.

Y como había una vez, esta vez, por única vez, no miré entre espejos el rostro ajeno que no me pertenece, ni miré a los ojos de la amada que robé en el funeral de mi cuerpo a tierra. Y para colmo nunca supe quién de los dos era mas viejo.